miércoles, 2 de abril de 2014

Visita a los faros de Granada.

La de Motril ha sido la tercera autoridad portuaria andaluza que nos ha autorizado visitar sus faros. Primero, en noviembre del año pasado fue Huelva y a finales de diciembre  Almería. Incluyendo Chipiona son ya 10 los faros que hemos visitado. 

En este caso, igual que ocurrió cuando fuimos a Almería, hicimos la noche anterior en la zona, había que empezar temprano y la idea de ir desde San Fernando o Sevilla directamente quedaba descartada. Un hotelito en Almuñecar, a unos cuantos metros de la playa, un paseo por ella al anochecer para ver el Faro de La Herradura desde la distancia...

A las 8 y media habíamos quedado con José Manuel, el técnico que nos iba a acompañar toda la mañana y a quien quiero agradecerle el tiempo que nos dedicó, sobre todo porque le impedimos hacer algo que le encanta: ver a sus hijos por la mañana. Lo siento José Manuel.

De los 3 faros que dependen de la Autoridad Portuaria de Motril 2 son antiguas torres vígias reconvertidas. Este tipo de faro a mi personalmente me encanta porque una cosa inventada para defenderse de quien viene del mar se ha convertido en otra que ayuda a quienes navegan por esa costa. Antes buscaban enemigos, ahora afrecen su ayuda. Ojalá las personas fuésemos capaces de cambiar de la misma manera. Y la primera de ellas era La Herradura, un faro situado en lo alto de un cerro y rodeado por una interminable urbanización que muestra de manera clarísima lo que se hace con la costa en esta tierra nuestra.

La escalera de acceso a la torre gira en torno a ella  hasta cierta altura, a partir de ahí una puerta da acceso a su interior y el camino hacia la lintena sigue por dentro de la antigua torre. La lente es de horizonte, no gira, y su luz es emitida en todas direcciones a 15 millas de distancia, aunque una parte la tiene  tapada porque a ciertos vecinos les molestaba la luz del faro. Como decía el torero: hay gente pa tó.  Las vistas desde la linterna son bonitas, aunque tal vez sobren casas y falte espacio natural.

El camino nos llevababa a Cabo Sacratif, pero antes una paradita en Torrenueva, casi a los pies del faro, para desayunar, charlar un poco y conocer, en fotografías, a los críos de nuestro guía. Y ya con el cafelito y la tostadita en el cuerpo nos marchamos a conocer el faro que con sus 25 millas de alcance es el  más potente de la costa granadina: Sacratif.

El Faro de Cabo Sacratif complió 150 años el 31 de diciembre de 2013, el mismo día que el de Mesa Roldán. Vista desde la entrada, la torre es circular, troncocónica, pintada de blanco, con 2 balcones con cornisas pintadas de amarillo albero y una linterna aeromarítima, pero si la vemos desde la parte que da al mar sus 4 ventanas de ojo de buey le dan un aspecto y un estilo únicos.  Pero este faro tiene, dentro, otra particularidad: la escalera gira en sentido contrario a las agujas del reloj sobre un eje de obra hueco por el que discurre el peso motor que en otros tiempos hacía girar la lente. Lo normal es que este hueco esté tapado de arriba a abajo de manera que es imposible ver su interior

salvo desde uno de los extremos, éste en cambio, cada cierta distancia tiene abierto unos huecos rectangulares, a modo de ventanas, por los que podemos ver la parte de dentro. Ya arriba nos espera la única linterna aeromarítima del día y la única lente escalona, de Fresnel, que veremos hoy. Este tipo de lentes suele ser muy llamativa, por sus cristales escalonados, por el trabajo que tiene, por los reflejos que hace de la luz... pero si a ello le sumamos una cúpula de cristal por la que se cuela el sol el espectáculo es inolvidable.

Retomamos la carretera y seguimos hacía el Faro de Castell de Ferro, el cuarto de los faros españoles con su plano focal a mayor altura sobre el nivel del mar. Aquí cada parte es de una época: la torre del siglo XVI, la linterna que cobija la lente de 1.929 y el sistema de acceso de 1.991. Y es esto lo que destroza todo el entorno. Dos muros paralelos de hormigón situados frente a la torre por entre los que discurre una escalera, al final de la misma una puerta que da a un balconcillo y que, cosas de los arquitectos, hay que cerrar y asegurar para bajar una escalerilla que sube a un pasillo que, desde los muros de hormigón, une a tavés de un pequeño puentecito con la torre. El enjendro es obra de la arquitecta Rita Lorite y el ingeniero Severiano Benavides y cuando uno lo ve, junto a la torre del siglo XVI, lo primero que se pregunta es cómo no le quitaron el título a la señora arquitecta después de hacer esto.

Si en las escaleras exteriores y en el puentecillo el viento era fuerte en el balcón de la lintena es fortísimo, pero merece la pena salir y ver a lo lejos Sierra Nevada y a unos centenares de metros, en sentido contrario, el mar y la carretera que serpentea siguiendo la costa. A levante Castell de Ferro, rodeado por dos mares: uno de agua salada, el  otro de plásticos.
Termina la visita, otros 3 faros conocidos, otras tres torres vistas por dentro, otras tres linternas que nos han cobijado durante un tiempo, otros tres balcones desde los que hemos visto el mar como lo ven las gaviotas. Y al alejarnos la misma sensación agridulce que siento cada vez que salgo de un faro: la satisfacción de esta maravillosa experiencia personal, la tristeza de que la inmensa mayoría jamás la ha vivido. Esperemos que algún día quien no vea un faro por dentro sea porque simplemente no quiere.


Antes de separarnos y tomar cada uno el camino a casa una visita a lo que en otros tiempos fue el Faro de Carchuna y al que la mar quiso demostrarle quien era más fuerte. Después, ya caída la torre en el año 39 del siglo pasado, el mar se volvió poco a poco a su sitio y hoy las olas  rompen en la arena a más de 50 metros de los restos de la torre.












4 comentarios:

Elena dijo...

Maravilloso relato para la posteridad. Me encantó ser uno de sus protagonistas. Gracias Presi por hacernos disfrutar de estas visitas encantadoras.

Leonor dijo...

A merecido la pena esperar tu relato del viaje. Refleja tus sentimientos y los de todos los que te acompañamos. Gracias por conseguirlo.
Tomaré nota de algunos detalles técnicos que no recordaba para cuando haga las entradas dedicadas a los faros en mi blog.
Un beso presi.

JuanJo dijo...

Un bonito relato de un día inolvidable, como los de las visitas anteriores que mencionas, que podemos realizar gracias a tu incansable e ilusionante trabajo.
Un abrazo.

El viejo farero dijo...

Voy a proponer a la junta directiva de la Asociación que prohiba los agradecimientos públicos por visitar los faros. Bueno, ahora en serio: no hay nada que agradecer, yo disfruto entrando a los faros, aunque ya los conociera de antes, y disfruto haciendo lo que esté en mis manos para que otras personas, como vosotros, disfruten entrando a nuestras torres, así que ya véis, todo son ganancias.

Un abrazo.