Marinero en tierra, cansado de ver la mar desde su faro un buen día, Juan, se hizo a la mar y llenó sus pulmones del olor a sal, sus oídos del sonido de las olas rompiendo contra la quilla de su barco y sus ojos de la luz de la luna llena, de las estrellas y de los faros.
A nuestro amigo Juan se le quedaron pequeños los mares de Andalucía, le parecieron pocos los faros andaluces y hoy, sin hacer ruido, se ha ido a navegar por todos los mares del universo. Se ha ido a ver todos los faros de este mundo y de todos los mundos.
Esta noche tu faro de Trafalgar, posiblemente, gire más despacio. Posiblemente lance sus haces de luz más lejos buscando a aquel farero que se hizo navegante. Posiblemente hasta las olas susurren entre ellas mientras te llevan por todos los mares de este mundo.
Dicen que nadie muere del todo mientras alguien lo recuerde. Tú, amigo Juan, serás eterno.








